martes, 7 de junio de 2011

Página 12. Aimé Painé

Lunes, 6 de junio de 2011
Un libro desentraña la rara incógnita de Aimé Painé

“El canto era su excusa para difundir la cultura mapuche”

En Aimé Painé, la voz del pueblo mapuche, la periodista y docente Cristina Rafanelli retrata a la cantante que nunca grabó un disco, pero que tiene una calle con su nombre en Puerto Madero y cuya imagen se encuentra en el Salón de las Mujeres de la Casa Rosada.

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Aimé Painé murió a causa de una hemorragia cerebral en 1987, durante un viaje a Paraguay.
Por Gloria Guerrero

Cuando Aimé Painé murió, en 1987, tenía sólo 44 años. No llegó a conocer la bandera mapuche ni la Ley de Desarrollo Indígena 19.253, ambas instauradas recién en 1991. Nada supo de la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas de la Asamblea General de las Naciones Unidas (2007) ni tampoco de las huelgas de hambre de los militantes mapuches chilenos a quienes les fue aplicada la ley antiterrorista, ni de cada uno de los dramáticos conflictos que la comunidad enfrenta particularmente desde los años ’90, cuando vio perdidas sus tierras... una vez más. Tampoco imaginó Aimé que alguna vez habría una calle con su nombre –en un Puerto Madero igualmente inimaginable por entonces– ni mucho menos que su rostro iluminaría las paredes del Salón Mujeres Argentinas de la Casa de Gobierno a la par de los de Eva Perón, Juana Azurduy, Mariquita Sánchez de Thompson, Alfonsina Storni o Cecilia Grierson.

Painé, que nació el 23 de agosto de 1943 en Ingeniero Huergo, Río Negro, luchó más de la mitad de su corta vida por recuperar y promover la cultura de su pueblo, con una voz deliciosa que tanto cantó canciones como supo alzarse, desafiante, en foros internacionales y debates domésticos. Sin embargo, su nombre y su obra siguen siendo una rara incógnita para gran parte de los argentinos. Tal vez Aimé Painé, la voz del pueblo mapuche (Biblos, 2011) ayude a acabar con esa ignorancia. Profundo trabajo de investigación de la periodista y docente Cristina Rafanelli –nacida porteña, radicada en Bariloche–, este libro le demandó a su autora casi veinte años de investigación en los que recogió testimonios y rastreó fuentes. Luego de eso, Rafanelli –quien conoció a Painé a fines de 1979– precisó otros diez para conseguir una editorial que quisiera publicar su trabajo. “¡Pero si los mapuches no compran libros...!”, debió escuchar la autora alguna vez. “El valor de Aimé Painé –dice Rafanelli, de visita en Buenos Aires para la presentación– no sólo fue pararse frente a un micrófono y cantar. Ella dijo que su canto era una excusa: una excusa para difundir la cultura de su pueblo.”

–¿Cómo una artista que jamás grabó un disco y que murió joven, con casi nula difusión en la Capital, llegó a tener una repercusión –tardía, pero aun así enorme– que alcanza hasta la Casa de Gobierno?

–Una de las magias de Aimé Painé fue ser “la primera”. Cuando fue invitada a almorzar al programa de Mirtha Legrand, en plena dictadura, su presencia resultó un impacto: apareció vestida a la usanza de las mujeres antiguas de su comunidad, con toda la platería, y empezó a hablar y a contar... ¡y los teléfonos explotaron! Debemos entender el contexto histórico: además de la dictadura argentina, por entonces estaba también la chilena; los mapuches solían ocultar su raíz y no se asumían como tales, por miedo a la discriminación. ¡Y Aimé apareció a la mesa de Mirtha ataviada como una mapuche, exhibiendo lo maravillosa que era su cultura! Hizo camino, a machetazos. No grabó nunca, es cierto, pero cantaba por todo el país, en todo lugar que la recibiera. Cada quien que la vio alguna vez la recuerda; a cada quien que la vio, le pegó, porque era absolutamente carismática, un ser especial. Ella no sólo pasaba la tradición: explicaba su cultura. Sus recitales, a medida de que ella iba investigando a las abuelas, terminaban siendo, casi, clases de antropología: “¿Por qué hacen esto las abuelas?”, proponía. Y entonces contaba alguna anécdota. Primero, traducía: “Este canto se hace a la salida del sol, significa lo siguiente...”, y después, recién entonces, cantaba.

–¿Quiénes son las abuelas?

–Ellas son una de las cosas más admirables del pueblo mapuche. Nosotros vivimos en una sociedad que margina, que mete en geriátricos a sus padres y trata mal a la gente grande, pero para el pueblo mapuche las abuelas son quienes llevan la sabiduría; la mapuche es una cultura oral, y son las abuelas las que la guardan en su memoria. También los abuelos, claro, pero mayormente las mujeres: después de la derrota que significó la Conquista del Desierto, fueron sólo ellas quienes pudieron recordar cómo vivía su pueblo y mantener vivos sus conocimientos. Por eso es tan importante toda la documentación de las abuelas, porque, si no, todo se pierde. Aimé decía: “¡Qué pasa, las abuelas se están muriendo!”. Y, sí, las abuelas se van muriendo, aunque por cierto son muy longevas; hay algunas que han vivido 120 años y guardaban una sabiduría increíble. Pude conocer a Rosa Cañicul, por ejemplo: su abuelo era machi. Por lo general las machis –las curanderas, las sabias– son mujeres. Los mapuches valoran el matriarcado y a la mujer; es más: los hijos solían llevar el apellido de sus madres, y no el de sus padres.

A Aimé Painé le pasó otra cosa. Su madre, hija de tehuelches, abandonó a su esposo mapuche y a toda su descendencia y Aimé, a los 3, fue separada de su comunidad porque su papá, solo y necesitado de trabajar, no podía hacerse cargo de tantos críos. Fue enviada, con cero conciencia de sus orígenes, a un orfanato-colegio de monjas en Mar del Plata, donde su voz privilegiada encontró muy pronto un lugar en el coro de canto gregoriano. Un día, el próspero abogado y autor teatral Héctor Llan de Rosos y su esposa, quienes buscaban adoptar, recorrieron con su mirada la filita de lindas niñas rubias y perfumadas que les habían expuesto. De pronto, el hombre escuchó, al fondo del pasillo, el canto de una nena. “¿De quién es esa voz?”, dijo. “Tráiganmela.”

Ella tenía 7 años y todavía era Olga Elisa; allí, el primer pliegue de la historia. “Fue una niña educada en lo mejor de lo mejor”, cuenta Rafanelli. “Una princesa, criada en el lujo. Y empezó a investigar, y empezó a leer...” Terminados sus estudios en Mar del Plata, Painé se mudó a Buenos Aires, sola; se recibió de experta en belleza y peinados, tejió y pintó, y cantó durante muchos años en el Coro Polifónico Nacional. Al final, se enteró. “Cuando muchos años más tarde escuché cantar a las abuelas mapuches –contó una vez Aimé–, ahí me di cuenta de por qué me había gustado tanto el canto gregoriano.”

“No es que cuando conoció lo mapuche, entonces le gustó el gregoriano que había cantado en su infancia en el orfanato: fue al revés”, cuenta Rafanelli. “Como si se tratara de la otra memoria de la que habla (el psicólogo Carl Gustav) Jung... Aimé conocía de memoria aquellos cantos gregorianos y muchísimo después, cuando escuchó a las abuelas, se dijo: ‘Claro, esta otra memoria, la memoria de mi casa, era la que me hizo disfrutar del canto gregoriano que cantaba cuando era niña...’.” Tuvo que volver para atrás. Empezar de nuevo. Y armar el rompecabezas.

–Quien imaginara en ella a una “ingenua indiecita” se tropezó con una mujer instruida y combativa que escaneó medio continente con su canto e investigaciones antropológicas, viajó a Ginebra para participar en sesiones de la Subcomisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y terminó dando entrevistas para la BBC de Londres.

–Tal cual: ninguna “indiecita”. Aimé era muy fuerte en sus convicciones, bajaba línea a cada rato. Defendía a muerte el camaruco, la ceremonia sagrada de los mapuches: no quería que participaran blancos ni que se utilizara turísticamente, y era muy dura al respecto. Otros –muchos– le decían: “¿Pero por qué no canta usted ‘Valderrama’?”; como trabajo, le habría sido mucho más fácil hacer otro tipo de folklore más allá del mapuche y, sin embargo, ella: “No, y no, y no”. Era así de testaruda. Cuando la invitaron a Europa, además, pudo reunirse con muchos de los exiliados de las dictaduras chilena y argentina. Pero siempre que hablaba acerca de los horrores de la Campaña del Desierto terminaba pidiendo que sus hermanos no pusieran el acento en el odio y el resentimiento; explicaba que la revolución, ahora, tenía que ser cultural: “El blanco no nos respeta porque no nos conoce”, decía. Y otra de las cosas muy valiosas que hizo –su obra quedó trunca por su muerte, pero creo que era el camino que se había trazado– fue recorrer todo el Norte. Aimé había empezado a visitar a los tobas, a los guaraníes, a los wichis, y a contarles: “En el Sur están los mapuches, los tehuelches, los hermanos de ustedes, y esto es lo que hacen”. Les mostraba a los indígenas del Norte lo que hacían los indígenas en el Sur, pero a la vez se nutría de toda la cultura del Norte y, cuando regresaba al Sur, les mostraba a los mapuches lo que se hacía en el Norte. Creo que Aimé Painé habría terminado siendo una cantante étnica argentina, en el sentido más abarcador del término. Siempre decía que quería hermanar a todos los pueblos originarios; investigaba sus historias y era increíble cómo situaba geográficamente a cada pueblo, dónde estaban, qué hacían. Por eso es tan inmensamente valorada por los antropólogos. Creo que hoy Aimé, probablemente, estaría viajando a la Bolivia de Evo, a la Venezuela de Chávez o al Perú de Humala, y difundiendo en toda la América latina la cultura de los pueblos originarios argentinos.

En septiembre de 1987 Painé murió a causa de una hemorragia cerebral en Asunción, Paraguay, durante uno de aquellos viajes. “Yo no puedo trabajar con el detalle y la calma que me gustaría –había dicho–, porque las abuelas se mueren, simplemente. Y no hay muchos todavía que hagan lo que yo hago; y si yo me muero, ¿quién seguirá mi camino?”

–¿Quiénes siguen ese camino?

–Sin dudas, la actriz Luisa Calcumil; ambas se conocieron durante la filmación de Gerónima (Raúl Tosso, 1985), una película que ganó muchos premios. Luisa también canta, y sigue los pasos de Aimé. Otra gran artista es Beatriz Pichi Malen, y hay algunos cantantes más. Pero Aimé fue la primera.

“Ojalá las palabras pudieran expresar lo que Aimé emanaba”, escribió León Gieco en la contratapa del libro: “Belleza, seriedad, dulzura y convicción en la búsqueda de sus raíces”. Desafortunadamente, como ya se dijo, no hay discos de Aimé Painé. “No hay cómo escucharla”, confirma Rafanelli. “Existe un CD que hace un par de años editó la Legislatura de Río Negro, pero está juntando polvo en las bibliotecas. Deberían reeditarlo; quizás este libro sirva para que Aimé salga del olvido. Y valdrá la pena. ¿Sabe por qué todos la aman tanto? Porque de golpe toda una cultura, toda una raza que fue tan discriminada, tan vapuleada, tan maltratada, encontró a una persona que le habló de lo hermosos que son, y le devolvió su dignidad. ‘Ustedes tienen que sentirse orgullosos de su sangre mapuche’, les decía Aimé. Después de tantos años de: ‘¡Vos sos un indio de mierda!’, Aimé les dijo: ‘Vos sos hermoso. Vos valés’”.

Sobre la calle Aimé Painé, en Puerto Madero, hoy se ofrecen para la venta o alquiler departamentos chiquititos (177 metros cuadrados) y otros, claro, más amplios. Sobre la calle Aimé Painé, una gran variedad de restaurantes incluye uno cuyo chef, según su página web, “estudió cocina en Francia y da vida a sus recuerdos de infancia con recetas clásicas”. Es una linda calle, en serio.

“A mí me fastidia mucho escuchar que alguien dice que la cultura del mapuche es una cultura en extinción”, le explicó Aimé al narrador Leopoldo Brizuela. “Más allá de que sea cierto o no. ¡Qué rápidos somos a veces para decir que algo desapareció! Y qué lentos para preguntarnos por qué. La tristeza del pueblo mapuche, mi tristeza, es parte de mi identidad... y de la identidad del país. Porque el país lo formamos todos, ¿eh? Los ricos y los pobres, los blancos y los indios. Aunque los blancos ricos, en general, se lo olviden.”

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viernes, 18 de febrero de 2011

Editorial 13x13. Diario Rio Negro

Libros a mano
15:02 18/02/2011
Nazarena Natta Vera y Guillermo Flores crearon la editorial artesanal 13x13. Editan clásicos e inéditos, con diseño novedoso y dibujos de artistas locales.
Dos estudiantes encontraron un trabajo a medida de sus sueños. Venden unos trescientos libros artesanales por año.

Tienen 25 años, crecieron en una familia de clase media de General Roca, estudian en una universidad pública de Buenos Aires y no están dispuestos a resignar su sueño de trabajar en lo que les gusta. Entonces, armaron una editorial artesanal y en menos de un año vendieron trescientos libros.
Lo que para muchos puede parecer una utopía o una loca idea surgida de mentes idealistas, es para Nazarena Natta Vera (estudiante de Psicología) y Guillermo Flores (estudiante de Comunicación Social) una cosa seria, un modo de comenzar a ganarse "el mango de todos los días".
Desde abril del 2009 son los dueños, editores, compiladores, encuadernadores y distribuidores de la Editorial 13x13, un proyecto tan artesanal como novedoso. Imprimen textos de autores clásicos, que se dejaron de editar o de autores jóvenes inéditos. Ellos mismos los encuadernan manualmente con tapas duras de diseño moderno y les incorporan dibujos y fotos de jóvenes artistas argentinos. También publican ensayos, tesis de grado, textos académicos e investigaciones científicas.
El taller de producción funciona en los domicilios particulares de los jóvenes. Frente a una larga mesa de trabajo instalada en el patio trasero de la casa de Buenos Aires, cuando el tiempo se los permite, los "empresarios artesanos" encuadernan y embalan de a cien libros, que luego a pie o en colectivo trasladan a las librerías para su venta.
"Esto surgió por tratar de armarnos un espacio laboral que combinara algo de lo que nos gusta. No queríamos resignarnos a buscar un trabajo que no tuviera mucho que ver con nuestros intereses. Hace dos años estábamos sin trabajo y charlando, decidimos encarar este proyecto", contó Nazarena, una de las impulsoras de la idea.
Los jóvenes están convencidos, además, de la importancia que tiene en tiempos donde el avance tecnológico tiende a extinguir el papel impreso, el incondicional apoyo a la producción de libros y se comprometen con esa causa.
Nazarena y Guillermo cuidan celosamente todo el proceso creativo.
Ellos hacen todo, desde la selección de los textos hasta la distribución y venta final. Están en todos los detalles, incluso en la cinta señaladora que va unida a los libros.
"Somos una editorial que se ha propuesto realizar ediciones con un alto valor estético, sin descuidar el criterio editorial. Nos interesa crear un producto atractivo, cercano a los denominados libro-objeto", aseguran.
El formato de los libros es de 13x13 (el tamaño de un CD) "para poder trasladarlo a cualquier parte, leer en donde cada uno quiera. Creemos que el libro no es algo que solamente se lee y se cierra, sino que también se mira, se exhibe y se conserva", comentó Nazarena.
La temática que unifica las ediciones es la narrativa. Cada texto es cuidadosamente discutido y seleccionado siguiendo ciertas pautas editoriales y con un riguroso sentido estético. Cada colección que se lanza al mercado tiene un hilo conductor.
Por ejemplo, la última denominada "Cinco sentidos", reúne cinco libros con cuentos de autores reconocidos; los textos de cada uno de los escritores tiene múltiples referencias a un determinado sentido.
Se venden en quince librerías de Buenos Aires y en los escaparates de la librería ubicada en España 1.471 de General Roca.
El precio de cada uno es de cincuenta pesos.
Hasta el momento la editorial 13x13 vendió poco más de trescientos ejemplares de sus primeros tres libros de su primer colección "Cinco sentidos", son cuentos de Oscar Wilde, Nikolai Gogol y Scott Fitzgerald.
La pequeña empresa aún no es rentable porque todo el dinero que ingresa por la venta se reinvierte en nuevas ediciones.
Sin embargo, estos dos jóvenes roquenses están convencidos de que "puede funcionar.
Sólo hay que seguir armando colecciones y publicando textos para que esto crezca".
La editorial 13x13 apunta también a generar una relación más intimista con el lector y con los hacedores culturales.
"Por eso estamos abiertos a establecer contacto con fotógrafos, artistas y dibujantes interesados en ver sus trabajos en los libros que hacemos. Mantenemos esta convocatoria en forma permanente y así también la posibilidad de que los lectores y escritores nos contacten para comunicarnos sus inquietudes", invitó Nazarena.
Para comunicarse con los editores hay varias vías.
Su blog es editorial13x13.blogspot.com, su mail es editorial13x13@gmail.com. También están en Facebook y Twitter.
(AN)

viernes, 24 de septiembre de 2010

Escritora Cristina Guzmán

Libro y solidaridad se dan la mano
La allense Cristina Guzmán organizó para el fin de semana una doble jornada artística, que tendrá como excusa el comentario de su séptima obra, pero que servirá para recaudar alimentos y dinero.

El sábado, la escritora estará en Fernández Oro, con su libro: "¿Qué es el amor?". Y el domingo, lo presentará en la ciudad de Allen.

La escritora allense Cristina Elizabeth Guzmán, de 35 años, presentará este fin de semana su séptimo libro que lleva por título: “¿Qué es el amor?”. De manera inicial, lo hará en la localidad de Fernández Oro, y el domingo, en su ciudad natal.
Con muchas expectativas, la joven autora de varios libros sobre distintos temas, contará a los vecinos de la región la génesis de su séptima creación literaria. En este marco, preparó dos veladas que contarán con la participación de cultores de otras artes. El sábado 25 de septiembre, la escritora estará en el polideportivo de Fernández Oro, acompañada por la escritora Romina Perozzi Albaya, las artistas plásticas Sandra Luengo y Susana San Martín, y en danzas, por Maha Zumaia y bailarinas locales.
Las actividades arrancarán a las 18 y se pide a los asistentes colaborar con un alimento no perecedero o ropa en buen estado destinada a la Asociación Corazones. También se puede contribuir con dinero en efectivo que la propia Guzmán entregará “a una institución que lo necesite”.

En la ciudad natal

Al día siguiente de la presentación en Fernández Oro, Guzmán desembarcará en Allen, con un programa muy completo de actividades. Junto a ella, estará la escritora Romina Perozzi, la acróbata en tela Laura Mondino y las artistas plásticas Sandra Luengo y Susana San Martín. Además, se presentarán Paola Zanelatto, de la escuela de patín de Allen, y Sandra Marina Resler, de la Academia de Danzas, y Cynthia Palacios, de Arte & Estilo.
Al igual que en la actividad del sábado, se pide a los asistentes una colaboración que será destinada al Comedor El Sol, de Maruca. Se puede llevar un alimento no perecedero o una colaboración en dinero voluntaria para comprar mercadería.
El completo programa artístico se desarrollará el domingo 26 de septiembre, en el polideportivo de Allen, desde las 18.
Guzmán, nacida el 30 de julio de 1975, escribió varios libros, donde se destacan “En la soledad de mi alma”, “El ángel de mi madre”, “Pasión de mujer” y “Sueños de un cineasta”.
También, tuvo oportunidad de presentar su última obra en la 36ª Feria Internacional del Libro, en el stand de la provincia.
En Allen, obtuvo en el 2003 una mención especial como “mujer destacada” debido a su labor literaria. Su primer libro fue “Pasión de mujer”, que fue presentado en la ex librería Lalía
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http://www.lmcipolletti.com.ar/noticias/2010/9/21/24117.php